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| DESPACHO ESPECIAL |
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Crisis mundial:¡Salvemos el Tupperware! | ![]() |
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Las continuas subidas del precio del barril de petróleo que se están produciendo en los últimos tiempos han causado honda preocupación a nivel mundial por el futuro del Tupperware. La estrella de los materiales plásticos, la substancia de la que están hechos los sueños de las familias y los recipientes que los alimentan, ve peligrar su hasta ahora incuestionable status mientras los precios ascienden día sí día no.
EE.UU.,
país donde las fiestas Tupperware constituyen una tradición profundamente enraizada
en el sentir nacional, ya ha revelado que recurrirá a sus reservas estratégicas
de crudo. La Unión Europea, por su parte, ha anunciado la creación de una comisión
para la concesión de subvenciones a la investigación de materiales alternativos,
comisión que se reunirá esta misma primavera.
No se producía un temor generalizado de tal calibre desde la década de los 50, cuando los científicos con los diplomas mejor enmarcados dieron la voz de alarma revelando al mundo que los yacimientos petrolíferos conocidos no podrían surtir de oro negro a la civilización por siempre jamás. Durante algunos años, el mundo tuvo puestas sus miradas en la luna, hasta que la expedición del Apolo XIII confirmó los presagios más pesimistas al anunciar que nuestro satélite no es sino una fría e inerte bola de roca por cuya superficie jamás correteó selenita hidrocarburable alguno.
El popular plástico, alma y cuerpo de esos entrañables envases
de colorines, se obtiene del petróleo a través de un complejo proceso industrial.
El proceso comienza con la defunción de un dinosaurio (o, en su defecto, algunas
docenas de animalitos pequeños) y finaliza en una de las grandes factorías de
Tupperware establecidas por todo el mundo civilizado, donde alegres duendecillos
dan forma y color a las tarteras, cajas y vasos que albergarán nuestras mortadelas
y nuestros pimientos rellenos.
Larga es la historia de fracasos en la búsqueda del material ideal que culminó con la invención del Tupperware. Griegos y fenicios surcaron las aguas del Mediterráneo portando sus mercancías en ánforas de barro, pero hubieron de rendirse ante la evidencia de que resultaba imposible mantener de pie en alta mar un recipiente con la base terminada en punta. La revolución industrial significó la explosión del hierro, con el cual se construyeron fábricas, puentes y ferrocarriles, pero la metalurgia no parecía capaz de proporcionar un bol para la merienda que se pudiera llevar al campo sin el auxilio de una locomotora.
En tiempos más recientes fue inventado el teflón, pero su utilidad se reduce prácticamente a la elaboración del huevo frito.
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© 2000 by Álvaro G. Vicario
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